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Fusarium en el jardín: cómo detectarlo y qué hacer para evitar que se extienda

Hay plantas que empiezan a amarillear o marchitarse y, a simple vista, parece que les falta agua. Las regamos más y el problema no solo continúa, sino que en algunos casos empeora.

Detrás de estos síntomas puede estar el Fusarium, un grupo de hongos capaces de vivir en el suelo y afectar a las raíces y al sistema vascular de diferentes plantas.

No siempre es sencillo de identificar y tampoco todos los Fusarium afectan de la misma manera. Por eso, antes de aplicar tratamientos sin saber exactamente qué ocurre, merece la pena observar bien la planta y las condiciones del jardín.

En una zona húmeda como Bizkaia, donde además podemos encontrarnos con terrenos pesados o con problemas de drenaje, controlar el agua y mantener un suelo en buenas condiciones es especialmente importante.

¿Qué es el Fusarium?

Cuando hablamos de Fusarium, en realidad hablamos de un amplio grupo de hongos. Algunas especies viven en el suelo sin provocar problemas, mientras que otras pueden causar enfermedades importantes en determinadas plantas.

No es, además, el único hongo que puede aparecer en nuestros jardines. Si quieres aprender a distinguirlos, en este artículo repasamos los principales hongos que atacan a las plantas del jardín y los síntomas que suelen provocar.

Una de las más conocidas es Fusarium oxysporum, responsable de distintas formas de marchitez vascular.

El hongo puede penetrar por las raíces y alcanzar los vasos por los que circula el agua en la planta. A medida que avanza, dificulta esa circulación y aparecen síntomas que muchas veces confundimos con falta de riego: hojas amarillas, pérdida de vigor y marchitez. En el tomate, por ejemplo, es habitual que el amarilleamiento comience solamente en un lado de la planta.

Además, algunas formas de Fusarium pueden permanecer durante años en un suelo contaminado, de ahí que la prevención sea tan importante.

Cómo saber si una planta puede tener Fusarium

No existe un único síntoma que nos permita decir a simple vista que estamos ante Fusarium.

Conviene sospechar cuando una planta empieza a marchitarse a pesar de disponer de agua suficiente, aparecen amarilleamientos que avanzan progresivamente o una parte de la planta comienza a secarse mientras otra permanece aparentemente sana.

También podemos encontrar un oscurecimiento de los tejidos vasculares del interior del tallo.

Pero cuidado: estos síntomas también pueden aparecer por otras enfermedades o por problemas en las raíces, exceso de agua o mal drenaje. Antes de tratar, hay que intentar averiguar qué está ocurriendo.

Síntomas de Fusarium según la planta

PlantaQué podemos observarDónde afecta principalmenteQué conviene revisar
TomatesAmarilleamiento, pérdida de vigor y marchitez. Los vasos del tallo pueden aparecer marrones.Raíces y sistema vascularDrenaje, antecedentes de Fusarium y rotación de cultivos
PalmerasSecado progresivo de las hojas, que puede avanzar desde las inferiores hacia las más jóvenes.Sistema vascularPodas recientes y limpieza y desinfección de herramientas
CéspedZonas amarillentas o marrones y pérdida progresiva de vigor.Hojas, corona y/o raícesHumedad, drenaje, compactación, altura de siega y presencia de otros hongos

Importante: estos síntomas pueden confundirse con otras enfermedades, problemas de riego o daños en las raíces. La tabla sirve como orientación, pero estos signos por sí solos no confirman una infección por Fusarium.

Fusarium en los tomates

tomatera con fusiarium

*Tomatera afectada por Fusarium oxysporum. Imagen: Victor M. Vicente Selvas / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Es probablemente uno de los casos más fáciles de reconocer en un huerto.

La marchitez por Fusarium del tomate está provocada por Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici. La infección comienza en las raíces y termina afectando a los vasos que transportan el agua.

Uno de los primeros síntomas puede ser el amarilleamiento de una rama o solamente de un lado de la planta. Con el tiempo, el problema avanza y la tomatera pierde vigor y se marchita. Si cortamos la parte baja del tallo, podemos encontrar los tejidos vasculares de color marrón.

El problema es que, una vez que la enfermedad está instalada en el sistema vascular, resulta muy difícil recuperar la planta.

Por eso, en un huerto donde ya haya aparecido Fusarium es mucho más interesante trabajar pensando en la siguiente temporada:

  • retirar completamente las plantas afectadas, incluidas las raíces;
  • no incorporar esos restos al compost doméstico;
  • evitar trasladar tierra de esa zona a otras partes del huerto;
  • limpiar las herramientas;
  • rotar los cultivos;
  • y elegir variedades de tomate resistentes.

En semillas y plantones de tomate podemos encontrar las letras F, FF o FFF, que indican resistencia a determinadas razas de Fusarium. No significa que la planta sea invulnerable, pero puede marcar una diferencia importante cuando sabemos que existe el problema.

¿Y en las palmeras?

En determinadas palmeras también existen fusariosis vasculares.

En la palmera canaria (Phoenix canariensis), por ejemplo, el Fusarium puede provocar el secado progresivo de las hojas. Uno de los indicios característicos puede aparecer incluso en una misma hoja, con foliolos secos en un lado mientras el otro permanece verde.

Aquí hay algo especialmente importante para cualquier persona que tenga palmeras en el jardín: las herramientas de poda pueden contribuir a transmitir la enfermedad de una palmera a otra.

Por eso no deberíamos pasar directamente de podar una palmera a la siguiente sin limpiar y desinfectar correctamente las herramientas. En ejemplares valiosos, ante síntomas compatibles con Fusarium, lo recomendable es confirmar primero el diagnóstico.

¿Puede aparecer Fusarium en el césped?

El césped también puede sufrir enfermedades provocadas por especies del género Fusarium, aunque aquí es especialmente importante no diagnosticar únicamente por el aspecto de una mancha.

Un círculo amarillento o una zona que empieza a secarse puede deberse a hongos, pero también a problemas de riego, compactación, raíces, orina de animales o incluso una siega inadecuada.

Antes de recurrir a un fungicida, merece la pena revisar cómo estamos manteniendo esa zona.

En céspedes que permanecen húmedos durante demasiado tiempo, una buena aireación del terreno, un drenaje correcto y una siega adecuada ayudan a reducir muchos problemas.

El agua: ni demasiada ni demasiado poca

Este es probablemente uno de los puntos que más vemos en jardinería.

Cuando una planta se marchita, tendemos a pensar inmediatamente que necesita agua. Y no siempre es así.

Un suelo permanentemente saturado deja menos oxígeno disponible para las raíces, las debilita y favorece diferentes problemas radiculares. En jardines de Bizkaia, esto merece especial atención durante las épocas más lluviosas o en parcelas con suelos arcillosos y zonas donde el agua tarda en desaparecer.

Antes de aumentar el riego, mete un dedo en la tierra o comprueba la humedad unos centímetros por debajo de la superficie.

A veces la solución no está en regar más, sino en conseguir que el agua pueda salir.

La prevención empieza por el suelo

No existe un truco que haga desaparecer el Fusarium de un jardín de un día para otro.

Lo que sí podemos hacer es crear unas condiciones en las que nuestras plantas estén más fuertes y reducir las posibilidades de propagación.

Un suelo con buena estructura, materia orgánica y drenaje; un riego adaptado a cada planta; una fertilización sin excesos de nitrógeno y unas herramientas limpias son medidas sencillas, pero muy importantes.

También conviene evitar mover tierra de una zona afectada a otra. El Fusarium puede desplazarse precisamente con el suelo adherido a botas, herramientas, maquinaria o raíces.

Cuidado también con las herramientas

Después de podar o retirar una planta enferma, hay que limpiar bien tijeras, serruchos y otras herramientas antes de utilizarlas en otra planta.

En el caso de las palmeras esta precaución cobra todavía más importancia.

Y no basta con limpiar únicamente la hoja si quedan restos de tierra o material vegetal: primero hay que retirarlos y después realizar la desinfección.

Trichoderma y micorrizas: aliados, pero no una cura

Los microorganismos beneficiosos tienen cada vez más presencia en jardinería.

Entre ellos encontramos especies de Trichoderma, utilizadas en estrategias de control biológico de determinados patógenos del suelo. También están las micorrizas, asociaciones entre determinados hongos y las raíces que pueden mejorar la capacidad de la planta para aprovechar agua y nutrientes.

En el propio blog ya hemos hablado con más detalle sobre cómo funcionan las micorrizas y su relación con las raíces.

Eso sí: conviene evitar presentarlas como una cura para una planta que ya tiene una fusariosis vascular avanzada. Tienen mucho más sentido dentro de una estrategia de suelo sano y prevención.

¿Qué hago si creo que tengo Fusarium en el jardín?

Lo primero es no tratar a ciegas.

Observa qué plantas están afectadas, desde dónde comienza el amarilleamiento, cómo están las raíces y si el terreno permanece demasiado húmedo. También merece la pena revisar si el problema apareció después de una poda, una plantación reciente o un cambio en el riego.

Si la planta está muy afectada y todo apunta a una enfermedad vascular, retirarla puede ser la mejor manera de evitar problemas posteriores. No reutilices su tierra en otras zonas sensibles y evita compostar restos claramente enfermos.

Y si hablamos de una palmera, un árbol de valor o varias plantas que empiezan a presentar los mismos síntomas, merece la pena identificar bien el problema antes de tomar una decisión.

Un jardín sano empieza mucho antes de que aparezca la enfermedad

Con Fusarium, como con muchas enfermedades del jardín, la prevención suele ser mucho más eficaz que intentar solucionar el problema cuando la planta ya está seriamente afectada.

Un buen drenaje, riegos adecuados, herramientas limpias, plantas sanas desde el momento de la compra y observar el jardín con cierta frecuencia pueden ahorrarnos muchos problemas.

Y hay algo que no debemos olvidar: una planta amarilla no siempre tiene sed y una mancha marrón no siempre es un hongo. Antes de tratar, observemos. Muchas veces el propio jardín nos está dando las pistas.

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